Archivo de la categoría: Relatos

Géneros en la ficción: el eje

Un género de ficción es una clasificación que se hace en las obras en los diferentes formatos o medios ya existentes atendiendo a su contenido.

Consta de unos parámetros a seguir y que caracterizan a una obra como perteneciente a ese género. Se pueden combinar para crear historias más variadas y con un público más amplio, que guste de alguno de esos géneros existentes en la misma.

Lee el resto de esta entrada

Anuncios

Miquel Soria sobre creatividad y autores

Llegar a la publicación de una novela no es tarea fácil. Hacen falta dedicación, esfuerzo, paciencia, ánimos, fe en el proyecto y en ti mismo/a como creador/a, visión y proyección hacia el futuro.

Miquel Soria, en la presentación de su novela (“El autómata de bronce“), dejó parte de su conocimiento y pensamiento positivo hacia los creadores que siguen trabajando en su obra:
Lee el resto de esta entrada

Tiradas e historias #4 w/primero de rol

Vuelve primeroderol para que aquellos valientes creen nuevos cuentos que hagan volar nuestra imaginación. Anímate a participar con tu historia con lo que te inspiren estos dados… ¿qué cuentan esta vez?

– – –

Lee el resto de esta entrada

Tiradas e historias #2 w/primero de rol

Para esta ocasión, primeroderol en su blog nos trae una historia con ¡magia!.

Anímate a participar con tu historia con lo que te inspiren estos dados.

Lee el resto de esta entrada

Tiradas e historias w/ primeroderol

En Primero de Rol nos animan a contar historias. ¿Cómo? Lanzando los dados de Story Cubes y dejándonos al resto imaginar lo que se esconde en esa tirada. Me confieso culpable de iniciar juego bloguero que comenzó como una imagen en Twitter y por fin me animo a continuar. Aunque mi primera aportación fue mediante la red de microblogging, creo que bien puede merecer algo más extenso, al modo en que Eban de Pedralbes hace en su blog.

Así que… ¡a narrar! Lee el resto de esta entrada

Sombras

– … Se está despertando – voces lejanas que era incapaz de definir, colocar en un lugar fijo.

Sintió el tacto frío del agua en sus labios, que fue como una bendición. Tomó constancia de su cuerpo, junto con el dolor. Atenuado, por el bien de su gastado cuerpo. Abrió los ojos hacia una penumbra, en la que los rostros que lo miraban atentamente. Parecían fantasmas, pero su cuerpo mostraba tal cansancio que era incapaz de mostrar miedo o desconfianza. Tan solo pudo girar el rostro una vez que se hubo saciado de agua.

– Eiko… – susurró.

Ella estaba tumbada a su lado, iluminada tenuemente por las velarias que había a su alrededor. Incosciente, pálida, herida. Como muerta. Zarmad sintió en su interior como algo se quebraba. Ignoró el dolor, su cuerpo mutilado se deslizaba a duras penas hasta casi caer. Sus cuidadores lo retuvieron, a pesar de los gritos que pugnaban por acariciarla. Por saber si estaba viva.

Escupía sangre, había rasgado su garganta en el esfuerzo por llamarla. Volviendo a tumbarlo, lo ataron como bien pudieron. Las lágrimas dijeron lo que él ya no podía. La herida abierta por la incerteza y la sombra de la muerte era demasiado profunda. Demasiado real.

“¿Cómo hemos llegado a este punto? Dioses en las Estrellas, ¡¿cómo?!”

Ayuda

El Ala Nocturna llegó por fin al área de estacionamiento de un planeta que prometía no traicionar su esperanza de vida. Una vez aterrizado, la placa sobre la que sostenía comenzó a hundirse, dando acceso a un nivel subterráneo donde no corrieran peligro sus vidas.

El interior de la nave era un caos emocional. Todas las miradas estaban perdidas en el vacío, conteniendo sus propias pasiones, que pugnaban por salir a gritos. Las lágrimas se habían agotado por el momento, pero llegarían más con el futuro. Nadie se atrevía a cruzar alguna, pues la rabia sería demasiado terrible como para contenerla. Lamentarían otra muerta antes de que cayera el anochecer en el planeta.

Dan permanecía inerte. Sus ojos anegados en lágrimas no veían nada, solo sentía un tremendo vacío. Habían huído con la certeza de que escapaban de las miradas muertas de sus dos compañeros.

“Vivimos con miedo, siempre con miedo…” pensaba con frustración

Corrían los minutos sin mover un músculo, nadie se atrevía a romper el silencio. Finalmente Elien se atrevió a hacerlo, para su desgracia

– Ellos… están… – comenzó a decir con la voz rota, hasta que Taius la interrumpió:

– Las estrellas lo tendrán en su memoria

Aquellas palabras fueron sentencia, una verdad tan aterradora que cortaba el aliento. Cerraron los ojos en una plegaria silenciosa, dejando escapar nuevos ríos de emociones.
Salieron en silencio, donde un equipo de desconocidos se dedicaba a rodear la nave, armados y algo recelosos. El Ala Nocturna se había asentado siendo una nave desconocida y no identificada.

Toda la tripulación salió con las manos alzadas, demostrando su indefensión. La tensión vivía en el ambiente hasta que alguien se atrevió a cortarla.

– Saludos para ti y los tuyos, Taius Irman – el hablante era un hombre, desarmado pero seguro de sí mismo. Dio la orden a todos de retirar las armas a todos los allí presentes, que obedecieron con desgana. Después, continuó hablando: – … Y maldito sea el motivo que te ha traído aquí

– Necesitamos ayuda, Breasal – dijo Irman, derrotado – No había otro lugar

Manos hacia el cielo

Dolor, abrasión, miedo. Todo en una vorágine. Dolor, abrasión, miedo. Y vuelta a empezar.
Zarmad abrió los ojos con el terror propio de sentirse a punto de ser asaltado. Desconocía todavía, en aquella confusión inicial, como seguía vivo. El dolor le hacía sentirse vivo. Cerró las manos y arrastró con ellas metal caliente y polvo, pero nada fuera de lugar. Tras de sí, escuchaba el crepitar furioso de las llamas. Quiso averiguar que era la víctima de la combustión, pero una nueva pero leve explosión lo hizo volver a tierra. Fue entonces cuando pudo ver a Eiko. Incosciente o muerta, imposible determinarlo. Quiso ponerse en pie, pero de nuevo, el dolor y la abrasión se abatieron sobre su espalda y sus piernas. Contempló su cuerpo y solo pudo ver la carne abrasada e infecta, con incontables partículas metálicas extrañas adheridas a ella.

Zarmad soltó un gemido, ahogando el dolor y el llanto. Insufrible.
Movido por el miedo, se arrastró penosamente hacia el cuerpo de Eiko, que no se había movido un ápice. Su cuerpo presentaba el mismo maltrato, pero nada grave a simple vista. Aún conservaba el calor de la vida, su corazón seguía latiendo. Una vez despejada aquella duda, observó a su alrededor. La nave que los acosaba e intentaba dirigirlos a la muerte, aún ardía con fiereza. La plataforma que había sido galería de tiro se había hundido a su alrededor, transformando aquel lugar en una especie de cráter.

“Un cráter… Y un cráter demasiado alto como para escapar” pensó amargamente Zarmad.

Miles de pensamientos cruzaron su mente. Quiso hacer tanto a la vez, que su mente, abotargada y agotada, volvió a desfallecer. Volvió a caer su rostro pesadamente sobre tierra. Tanta era su desesperación, que no escuchó las voces en el exterior que acusaban para comenzar un rescate

En carne viva

El interior de la nave y de los corazones era un caos: rabia, dolor y un sentimiento de impotencia que acababa con toda otra pasión. Elien apretó con fuerza el hombro de Taius, para después soltarlo y golpear la pared más cercana. Su cuerpo desfalleció para quedar de rodillas en el suelo, sollozando. Jaru había dejado sus manos abiertas, sin fuerza alguna, con el rostro en total neutralidad.

Elien se incorporó para obligar a que Taius la mirase. En sus rostros se veía la cruel incredulidad que acompaña a la cercana muerte del ser querido. Al borde de la histeria

– ¡Tenemos que volver! – dijo con una voz que no parecía suya – ¡Podrían continuar con vida!

Taius tardó en asimilar lo que se le decía, pero su respuesta fue una negativa de cabeza.

– ¿Y arriesgaros también a vosotros? – preguntó con una calma inquietante.

– ¡¿Piensas dejarlos morir entonces?! – Elien volvía a la carga

“¡No pueden, no pueden estar muertos!”

Sin saberlo siquiera, levantó un puño para golpear, con mayor o menor fuerza, a su amigo y compañero. Tan solo podía mostrar su rabia de aquel modo. Pero se encontró con la mano de Jaru, que bloqueó su golpe.

Ella lo miró con rabia, provocando un forcejeo. Elien volcó su dolor en aquella lucha interna, para acabar llorando en el pecho de Jaru. No había calor allí, tan solo una búsqueda de consuelo en el cotidiano del abrazo. Y ambos la sintieron: esa frialdad

Las estrellas robaron el calor que pertenece al corazón humano: la muerte es demasiado terrible, y a ellas les pertenece en esos momentos.

Desintegración, a piezas

Miraban el cielo estrellado, con aquella inquietud que se había hecho propia de sus vidas. Eiko estaba tendida sobre el frío metal de la base espacial, en una plataforma alejada del leve ajetreo interplanetario. Jaru se había apropiado del techo de la nave, en el exterior, contemplando todo y paseando de tanto en tanto. Zarmad se dedicaba a contar los nerviosos pasos que éste daba sobre la nave, ya que esperaba sentado en la sala de mandos, recostado en su asiento. Soñoliento, haciendo huir incoscientemente sus pensamientos. Acabó por hacer suyo el nerviosismo de Jaru, así que tomó la determinación de hacer compañía a la soñadora Eiko.

Ella apenas se percató de su llegada, pero lo acogió con una cansada sonrisa. Zarmad se sentó a su lado, agarrándose los pies para vencer su vértigo en las bases espaciales, y de un modo quiso compartir aquella inquietud:

– El equipo médico pronto estará listo para devolver la conciencia a la muchacha – dijo con una sonrisa – Ha tenido suerte, podría no haber sobrevivido con todo lo que ha pasado…

Eiko no respondió, mantenía su mirada fija en un punto en el horizonte, por lo que Zarmad tuvo que centrar su atención en aquel lugar. No tuvo que esperar demasiado para comprender: naves exploradoras del Imperio. Quiso gritar auxilio, ya que su único destino en sus garras sería la muerte, pero se contuvo. Eiko se agazapó en la plataforma, arrastrando consigo a su compañero. No había errado al pensar que habría alguna nave sobrevolando la superficie de la base. Buscaron a rastras un refugio a las miradas de los terribles imperiales. Escasas posibilidades de volver a la nave y dar la alarma.

Aunque esto último no fuera necesario, pues el Ala Nocturna ya se elevaba para marcharse de allí. Jaru había avistado lo mismo que su protegida, Eiko, y había comenzado la evasión. Solo quedaba encontrar al resto de la compañía, en medio de todo aquel caos.

La gran nave se alzaba entre todas: ya no era posible la ocultación. Eiko y Zarmad abandonaron su escondite para intentar alcanzar a sus compañeros y huir. Segundos después de comenzar su carrera hacia la vida, comenzaron los impactos. Ráfagas de ametralladoras abrían amplios orificios dónde segundos antes habían colocado sus pies. La adrenalina les hizo apremiar.
Jaru permanecía en la compuerta de la nave, abierta y esperando su llegada para poder escapar.

Los globos oculares de Jaru se vieron desbordados por la luz que causó la explosión frente a él. Un cañón imperial había abierto fuego contra sus compañeros, haciendo volar gran parte de la plataforma. Jaru salió despedido hacia atrás, sumiendose en la semiincosciencia. La nave se vio impulsada hacia el lateral, permitiendo así una corta evasión del fuego enemigo.
Dándolo todo por perdido, el Ala Nocturna se abrió paso hasta la galaxia infinita, arransando con todo aquello que encontrara en su camino. Tal era la rabia y el dolor que nublaba el corazón de Taius: podía rendirse por completo y entregarse a un suicidio seguro.

Demasiadas almas a su espalda

A %d blogueros les gusta esto: