La fuerza del corazón

Cuando todos despertaron, sintieron en sus mentes un profundo anhelo de no despertar. Aquel sueño inducido, con la libertad de la ausencia de pensamientos y crueles pesadillas, había despejado gran parte de la carga que arrastraban. Desconocían al principio el número de días que contaban ya incoscientes.

Zarmad, que había sido asistido mientras dormía, se sentía recuperado después de aquel descanso. Con esfuerzo mental, intentó volver con ánimos a su trabajo y volver a sentir en sus manos el control del Ala Nocturna. Elien regresó a su lado, en total silencio, pero sin dejar pasar un pequeño apretón en el hombro a su compañero de pilotaje. Zarmad intentó esconder su sonrisa cansada.
Eiko y Jaru despertaron y volvieron de inmediato a sus ocupaciones, inmersos en la puesta a punto de los desperfectos de la nave.

Las heridas en el Ala Nocturna era como heridas en sus propios cuerpos.

Transcurridas unas horas, Taius Irman por fin se dejó ver. Contempló silencioso y escuchó atentamente a la situación que ahora les concernía. Pero ninguna palabra nació de sus labios; tan solo, cuando pasó revista a Eiko y a Jaru, les hizo señas para que lo siguieran.

Ambos se presentaron silenciosos y solemnes ante su capitán, esperando escuchar sus terribles palabras como castigo. Sin embargo, el mayor castigo fue observar el estado de su superior: como antaño, en los principios de la tripulación, Taius Irman era un hombre melancólico y preocupativo, como si, a pesar de su gran fortaleza física, una gran oscuridad interior fuera a quebrarlo en cualquier momento.

En ello vagaban sus pensamientos, cuando la voz de Irman rompió:

– Jaru… Eiko es tu protegida, y asumiste cuidarla como tal – se hallaba sentado, mirando hacia el exterior estrellado, tras los gruesos cristales de las ventanas. Ausente a pesar de todo – No quiero que se vuelva a repetir semejante imprudencia, menos aún cuando envuelve a más miembros de esta tripulación. ¿Queda claro?

Jaru asintió, y esperó. No podía hacer otra cosa.

Irman esperó unos momentos, hasta que le indicó que se retirara. Ahora solo quedaban Eiko y su capitán, cara a cara.

– Quiero creer que el rescate de la durmiente no sea un simple capricho… – comenzó, tras lo cual se levantó y dirigió su completa atención hacia ella – No voy a abandonarla ahora, porque confío en que algo intenso en tu interior se moviera para querer rescatarla… ¡Pero maldita sea! ¡Casi nos matan en el intento de recuperaros!

Irman había apoyado sus manos en un golpe sobre la mesa de conferencias, provocando que Eiko se sobresaltara como añadidura a la fuerza de sus palabras. Él la miraba fijamente, esperando una explicación.

– ¿Y bien?

– …Algo late en su interior… Una fuerza de gran magnitud, no puedo explicarlo – Eiko afianzó su mirada en los ojos de Irman, en un acopio de valor – Y si mi corazón responde ante esa fuerza, ante esa llamada, me siento en el deber de corresponder.

Irman bajó la cabeza, como si fuera un soldado herido en mitad de la batalla. Aquella mirada valerosa y apasionada había avivado en su memoria aquellos fantasmas del pasado que a diario intentaba apartar. Aquella era la fuerza, la pasión que en el pasado había movido el mundo.

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Publicado el 29 marzo, 2010 en Relatos. Añade a favoritos el enlace permanente. 1 comentario.

  1. Un pasado oscuro, ¿eh? O tal vez un simple pasado que tiene mucho que contar. El Ala Nocturna se recuperará ò.ó.Genial, mi amor ^^

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