Caricia de metal

El joven Ben aún apretaba su herida mientras corría para colocarse en el mando de la nave. No tardaría demasiado en alejarse con una velocidad endiablada. Y sentir el tacto del volante en sus manos, sintiendo las vibraciones, le haría olvidar el dolor.

“Sólo un momento, por favor, olvídalo” pensó con fuerza.

A su lado, Elien le apoyaba en el control de la nave, e Irman recurría a sus conocimientos para preparar la puesta a punto. Vieron los destellos que lanzaban los soldados que les habian perseguido desde tierra, sin acierto ninguno.

El capitán recurrió a los comunicadores que se hallaban en activo por totalidad para gobernar la situación. No tenía ni idea de porqué huían, pero había visto el miedo en los ojos de Eiko, y la inquietud en la expresión de Jaru. Aquello había sido suficiente para hacerle temblar.

– Eiko y Jaru. Quiero que os mantengais prestos a las armas. – ordenó a distancia – Activad las defensas y el camuflaje.

“Me niego a morir en una celda de este planeta” divagaba despues de sus palabras.

Algunas naves le dieron alcance: pequeños cazas decididos a volver a casa. Tras unas tentativas por capturarlos, el Ala Nocturna escapó, dejando en la huida todo su esfuerzo.

Una vez escapados, Elien tomó el control del Ala Nocturna, dejando a Zarmad permiso para acudir a la enfermería. Enseguida se tumbó en una de las camillas y se dejó en manos del droide enfermero, que no tardaría en sanar su herida.

Cerró los ojos un instante y suspiró, relajado por el analgésico. Tardó unos segundos en percibir la figura dormida que reposaba unas camillas más allá. Era la chica a la que Eiko había rescatado.

“¿Qué es lo que tiene de especial?” se preguntaba mientras se incorporaba, una vez ya sanado su brazo.

Se acercó en silencio, observándola extrañado. Parecía estar sumergida en profundas pesadillas, pues la expresión de sus ojos mostraba dolor. De manera incosciente, levantó un dedo y rozó levemente su mejilla.

Aquel aterrador helor en su corazón le hizo retirar la mano. Como el fugaz recuerdo de un mal sueño que anuncia lo terrible que está por llegar, así había sido aquel roce. Y así fue como Zarmad se preguntaba que oscuras lagunas se esconderían en el interior del ser de aquella chica.

Casi corría cuando abandonó la enfermería.

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Publicado el 30 octubre, 2009 en Relatos. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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