Una antigua vela, se apaga

“Olvida tu nombre, nada debes decirles, no eres nadie, Él te protegerá, no tengas miedo…”

El sueño amenazaba con vencerla, mientras repetía su plegaria, con fe ciega en la palabra de aquel libro ajado en sus manos, que sin saber como se mantenía de una pieza. Sus ojos entrecerrados poco a poco dejaban de ver, mientras su cuerpo se dejaba caer y su mente se hundía en el antiguo mundo del dios Morfeo. El sueño alcanzó su máxima profundidad, alentado por el cansancio y la tensión constante. Fue su perdición: los soldados imperiales, en la intensiva búsqueda que llevaban a cabo en la ciudad, encontraron lo que parecía su cuerpo inerte.

Tan solo recuperó la conciencia al sentir los golpes en su cuerpo, mientras la transportaban en uno de los vehículos que utilizaban para captar a los maleantes. Las contusiones palpitaban en su piel, e hizo una mueca de dolor, que se vió suavizada al sentir en sus manos todavía el gran tomo, que aferraba con fuerza. Lo despeguó levemente de su pecho, dejando a la luz de las lunas unas letras doradas que titulaban al libro.

– Las Sagradas Escrituras… – la joven se sobresaltó al escuchar esas palabras de una voz agonizante. Su rostro se convirtió en un rictus de horror al reconocer al pater Alexius, en aquella figura sangrante y severamente maltratada – Acércate… pequeña Miriam… como hacías cuando eras pequeña…

Su respiración era el gorgoteo de la sangre en su garganta, y Miriam no escuchaba otra cosa mientras se aproximaba a él, acomodando la magullada cabeza del pater entre sus piernas. Sus ojos miraban ahora a la nada mientras hablaba.

– Mi joven pupila… No olvides jamás… la Palabra, y el momento en que la escuchaste… – La sangre empezó a derramarse por sus labios, dando paso a un acceso de tos, que parecía querer llevarle a la muerte. Sus manos buscaron el sagrado libro – ¡Protégelo! En sus páginas está el… reino de los Cielos… y también ahí…

Señaló con infinito esfuerzo al lugar donde se hallaba el corazón de Miriam, que derramaba sus lágrimas sobre el que fue su mentor y protector, que había exhalado por fin su último suspiro.

Las lunas gemelas empezaban a abandonar la parte del cielo que Miriam lograba ver, dejando paso a la luz de la estrella que traía el día. Lentamente amaneciendo, lás lágrimas en su rostro parecían congelarse en el helor de la madrugada. Sola en camino incierto hacia un silencio impuesto.

Anuncios

Acerca de Beelzenef

Rol, narrativa, desarrollo de apps multiplataforma, worldbuilding, reddit, ciencia ficción...

Publicado el 20 julio, 2009 en Relatos. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: