Para volver a morir

Sendos presidentes descendieron del Ala Nocturna. Enseguida olvidaron sus aires displicentes, pues el resto de la Asamblea de Esferas los esperaban.

Drarion, la enorme urbe que no parecía tener fin, había recibido expectante y con impaciencia la llegada de la nave, pues tan solo los pasajeros de esta faltaban para completar a los miembros de la Asamblea. También el temor se palpaba, pues el ataque a la nave del Emperador no había pasado desapercibida, y tampoco el rescate por parte del Ala Nocturna. Y en el momento fueron recibidos como héroes.

– Veremos cuanto dura esta ovación – rió Eiko mientras observaba a la multitud desde el interior de la nave.

Zarmad y Elien rieron con ella. Jaru se limitó a seguir mirando al exterior, colocado justo detrás de su pupila.

– Se esfumará en cuanto se conozca la decisión de la Asamblea… – dijo su capitán, que se hallaba sentado en el mando, con la mirada perdida en algún punto, ausente.

– Y hasta entonces seremos habladuría, ¿no es así? – respondió Elien con media sonrisa.

Zarmad había permanecido unos minutos en silencio, hasta que pareció despertar y dijo:

– Bueno, esto puede dar prestigio a nuestra Nocturna.

Irman sonrió al escuchar estas palabras, le miró y asintió complaciente. Se disponía a hablar de nuevo, pero Eiko se adelantó:

– Mirad eso: alguien sale de la nave del Emperador, la que rescatamos.

Poco a poco se fueron acercando. Zarmad activó el sistema de cristales a un solo sentido. Así podrían observar sin ser vistos.

Las compuertas de la nave militar se abrieron con lentitud. Varios guardias imperiales, con sus característicos uniformes oscuros, comenzaron la comitiva. Dos guardias más abandonaron la nave, pero no lo hicieron solos: arrastraban consigo un cuerpo, que podía decirse vivo por los casi inapreciables esfuerzos que hacía por caminar. Tenía el rostro cubierto y era imposible identificación alguna, pero si era visible el deplorable estado en el que se encontraba el reo. Lo arrastraron hasta el interior del Palacio, donde se decidiría su destino.

En el Ala Nocturna todo era silencio, junto con cuatro rostros de incertidumbre y pasmo. Irman continuaba con su expresión grave.

– Lo llevan a su juicio. – Llamó a todas las miradas cuando alzó la voz – Grande infracción la que llevó a cabo si ha logrado reunir a toda la Asamblea para su juicio. No envidio a ese infeliz, pero nada podemos hacer.

El silencio volvía a reinar.

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Publicado el 12 julio, 2009 en Relatos. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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